Aunque la situación siga en medio de la tormenta, no me desanimo.

Mientras oro con fe, mi alma disfruta de una profunda paz,

¡y alabo de antemano la victoria de Dios!

 




“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lucas 18:1).




(1) Al leer hoy Lucas 18:1 en la Biblia en coreano, mi atención fue atraída por la palabra “desmayar” (o “desanimarse”) que utilizó Jesús. Quizás la razón es que, en el pasado, muchas veces me he sentido desanimado conmigo mismo.

(a) La palabra griega traducida como “desmayar” es ἐνκακεῖν (enkakein), cuyo significado es “desanimarse”, “cansarse” o “rendirse”. Jesús dijo: “μὴ ἐνκακεῖν” (mē enkakein) (v. 1). La Biblia coreana la traduce como “no desmayar”, mientras que las versiones inglesas la expresan como “not to lose heart” (NASB) o “not give up” (NIV).

1. Estructura etimológica de la palabra

Esta palabra es un compuesto formado por un prefijo y una raíz: ἐν (en): “dentro de”, “en” + κακός (kakos): “malo”, “malvado”, “cobarde”.

Su significado combinado, de manera literal, es: “caer en el mal” o “debilitarse y volverse cobarde debido a circunstancias adversas”.

Es decir, describe el estado de una persona que pierde la buena motivación o el fervor que tenía al principio y, bajo la presión de las circunstancias, abandona sus compromisos o acciones espirituales.

2. El contexto de Lucas 18:1

Jesús contó la parábola de la viuda y el juez para enseñar que los creyentes deben “orar siempre y no desmayar (ἐνκακεῖν)”.

Aquí, el desánimo va mucho más allá de un simple sentimiento de tristeza. Se refiere a una crisis espiritual como las siguientes: Interrupción de la oración: Cuando sentimos que la respuesta tarda en llegar y pensamos: “No sirve de nada seguir orando”, dejando de doblar nuestras rodillas.

Cansancio y agotamiento: Cuando nuestras fuerzas espirituales se agotan y perdemos la capacidad de perseverar en hacer el bien. Pérdida de confianza: Cuando comenzamos a dudar de la bondad de Dios y caemos en un agotamiento espiritual que nos lleva a abandonar la oración.

3. Otros usos en el Nuevo Testamento

Esta palabra aparece con frecuencia en las cartas de Pablo para exhortar a los creyentes cuando se sienten cansados espiritualmente o tentados a rendirse mientras hacen el bien:

Gálatas 6:9: “No nos cansemos (ἐνκακῶμεν) de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos, si no nos damos por vencidos.”

2 Tesalonicenses 3:13: “Y vosotros, hermanos, no os canséis (ἐνκακήσητε) de hacer el bien.”

Jesús sabía que, cuando parece que la oración no cambia las circunstancias visibles, el mayor enemigo que aparece es precisamente este “enkakein” (desánimo o rendición). Por eso nos exhorta, mediante esta palabra, a confiar en el Dios bueno y a seguir clamando hasta el final.

(i) Al meditar en esta palabra “desmayar” [ἐνκακεῖν (enkakein)], pienso que cuando oramos fervientemente a Dios y las circunstancias no cambian como esperamos —o incluso empeoran cada vez más desde nuestra perspectiva— nuestro corazón puede debilitarse. Podemos llegar a pensar: “No sirve de nada orar”, y experimentar un agotamiento espiritual que nos lleve a abandonar la oración.

Lo más peligroso de esa experiencia es que comenzamos a dudar de la bondad de Dios. Por eso me puse a meditar en varias palabras griegas relacionadas con la “duda”, porque considero que el desánimo y la duda están estrechamente conectados.

• Cuando las circunstancias empeoran ante nuestros ojos, el desánimo (ἐνκακεῖν, enkakein) conduce inevitablemente a la duda hacia Dios y produce agotamiento espiritual.

A través del significado original de las palabras griegas, la inteligencia artificial explicó esta conexión inevitable en tres etapas:

a. Primera etapa: La división interior causada por el deterioro de las circunstancias – Diakrínō (διακρίνω)

Cuando las circunstancias empeoran, el creyente comienza a pensar:

“¿Será verdad que Dios está escuchando mis oraciones?”

La Biblia llama a este tipo de duda diakrínō (διακρίνω).

Significado original

Significa:

“dividirse entre dos pensamientos”,
“vacilar”,
“juzgar o evaluar”.
Relación con el desánimo

Cuando llega el enkakein (el corazón debilitado por las circunstancias), el corazón que antes era firme se divide entre: la fidelidad de Dios, y la realidad que parece empeorar.

En lugar de confiar en la soberanía de Dios, comenzamos a juzgar Su bondad según lo que vemos. La duda empieza cuando intentamos sentarnos en el tribunal para evaluar a Dios.

Advertencia bíblica

En Santiago 1:6 se utiliza esta palabra: “Pero pida con fe, no dudando nada (διακρινόμενος), porque el que duda es semejante a la onda del mar, arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.”

b. Segunda etapa: La pérdida de dirección espiritual – Distázō (διστάζω)

Si las circunstancias continúan empeorando, el corazón dividido comienza a vacilar y pierde el sentido de dirección. La palabra griega para esta clase de duda es distázō (διστάζω).

Significado original: Proviene de: dís (δίς) = “dos” + stásis (στάσις) = “estar de pie”. Literalmente significa: “estar parado en una bifurcación sin saber qué camino tomar”.

Relación con el desánimo: Cuando el agotamiento espiritual (enkakein) lleva a una persona a abandonar la oración, queda detenida entre dos caminos: continuar buscando a Dios mediante la oración, o resolver la situación por medios humanos.

Al quedarse inmóvil entre esos dos caminos (distázō), entra en una especie de parálisis espiritual. Es la etapa en la que se detienen los pasos que antes avanzaban hacia Dios.

Advertencia bíblica

Jesús utilizó esta palabra cuando habló a Pedro, quien comenzó a hundirse al ver el viento mientras caminaba sobre el agua:

“¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste (ἐδίστασας)?” (Mateo 14:31).

El fuerte viento de la realidad —las circunstancias adversas— desanimó a Pedro y finalmente lo llevó a vacilar espiritualmente (distázō).

c. Tercera etapa: Alejarse del abrazo de Dios – Apistía (ἀπιστία)

El destino final del desánimo y la duda es la forma más grave de todas:

la duda de la bondad de Dios, es decir, la incredulidad (ἀπιστία, apistía).

Significado original

Esta palabra combina:

ἀ (a-), prefijo negativo,
πίστις (pístis), que significa “fe” o “confianza”.

Por lo tanto, describe:

“un estado en el que la relación de confianza ha sido completamente destruida”.

Relación con el desánimo

Si una persona cae en el enkakein y llega a considerar que la oración es inútil, terminará concluyendo que Dios es como el juez injusto: alguien que no tiene interés en ella o que es incapaz de ayudarla.

Así, el vínculo relacional de la fe queda roto y la persona entra en un estado de incredulidad (apistía).

Conclusión: La verdadera razón de la pregunta de Jesús en Lucas 18:8

Al considerar toda esta relación, las palabras finales de Jesús en la parábola adquieren una precisión impresionante:

“Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe (πίστις, pístis) en la tierra?” (Lucas 18:8).

Jesús sabía que cuando las respuestas a la oración parecen demorarse y las circunstancias empeoran, los creyentes pueden caer en un efecto dominó espiritual:

Desánimo (enkakein)
División interior (diakrínō)
Vacilación espiritual (distázō)
Incredulidad (apistía)

Por eso, aun cuando las circunstancias empeoren, el Señor nos desafía a perseverar en la oración y a conservar aquella fe (pístis) que continúa confiando hasta el final en el carácter bueno y perfecto de Dios.

(ii) Al meditar en esta palabra “desmayar” [ἐνκακεῖν (enkakein)] (Lucas 18:1), sentí curiosidad por saber cuál es la palabra hebrea traducida como “abatirse” o “desanimarse” en Salmos 42:5, 11 y 43:5, y qué relación existe entre ambas.

La palabra hebrea utilizada en la confesión del salmista: “¿Por qué te abates, alma mía?” (Salmos 42:5, 11; 43:5) y la palabra griega “enkakein” (ἐνκακεῖν) de Lucas 18:1 forman un extraordinario paralelismo espiritual que conecta el Antiguo y el Nuevo Testamento.

1. El desánimo en Salmos 42 y 43: Shachach (שָׁחַח)

La palabra hebrea original que el salmista utiliza para expresar “desanimarse” o “abatirse” es Shachach (שָׁחַח).

Significado original

Significa:

“doblarse hacia abajo”,
“postrarse completamente en el suelo”,
“hundirse”.
La condición descrita en el texto

Describe gráficamente el estado de un alma completamente aplastada por fuertes presiones externas y por el peso del sufrimiento, hasta el punto de colapsar y derrumbarse.

Particularmente, como expresa el versículo 7:

“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí”,

la palabra describe una condición espiritual miserable en la que el alma ha quedado profundamente sumergida bajo las olas de la aflicción.

2. La relación entre el griego Enkakein y el hebreo Shachach

Aunque ambas palabras pertenecen a idiomas diferentes y se expresan de manera distinta, están perfectamente conectadas desde la perspectiva de la causa y el efecto de la depresión espiritual que experimenta el creyente en medio del sufrimiento.

① Cuando la “opresión” (Shachach) se prolonga, llega la “rendición” (Enkakein)
El Shachach de los Salmos

Es el fenómeno por el cual mi alma se encorva y es aplastada hasta el fondo debido al peso insoportable de los problemas de la vida, como las burlas de los enemigos o el empeoramiento de las circunstancias.

El Enkakein de Lucas

Cuando ese estado de opresión (shachach) no se resuelve y se prolonga, la persona comienza a pensar:

“Todo ha terminado. No tiene sentido seguir orando.”

Entonces sus energías se agotan y termina soltando las manos espiritualmente, cayendo en la rendición y el agotamiento.

Relación entre ambos

Shachach muestra la presión externa e interna que experimenta un alma encorvada por el sufrimiento.

Enkakein muestra la rendición voluntaria que surge debido a esa presión, abandonando el lugar de la oración.

② Es una batalla de fe respecto al carácter (“rostro”) de Dios

Cuando el salmista experimenta shachach (desánimo), sufre por las palabras burlonas de sus enemigos:

“¿Dónde está tu Dios?” (Salmo 42:3).

Es decir, enfrenta una crisis fundamental:

“¿Se habrá olvidado Dios de mí?”

una duda acerca de la bondad de Dios.

La razón por la que Jesús advirtió contra el enkakein (desanimarse) mediante esta parábola es exactamente la misma. Cuando la respuesta parece demorarse, surge inevitablemente la pregunta:

“¿Es realmente bueno Dios?”

La misma solución

Cuando se siente abatido, el salmista se predica a sí mismo:

“Espera en Dios, porque aún he de alabarle por la salvación de su presencia.”

La Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento) relaciona esta “salvación” o “ayuda” con el rostro (prosopon) de Dios.

Es decir, la única clave para vencer tanto el shachach como el enkakein es fijar la mirada no en las circunstancias, sino en el rostro de Dios, es decir, en Su presencia y en Su carácter.

3. El efecto dominó de la decadencia espiritual que experimenta el creyente en medio del sufrimiento

Cuando en la vida del creyente llega una crisis en la que las circunstancias visibles empeoran de manera contraria a sus expectativas, el alma humana es incapaz de soportar el peso de la aflicción y entra en la etapa de Shachach (שָׁחַח), una condición de opresión espiritual en la que el alma cae postrada y aplastada.

Cuando esta opresión se prolonga, la débil razón humana comienza a oscilar entre la bondad de Dios y la realidad deteriorada. El corazón se divide en dos direcciones, entrando en la etapa de Diakrino (διακρίνω), es decir, el comienzo de la duda.

Posteriormente, la persona avanza hacia la etapa de Distazo (διστάζω), una vacilación espiritual en la que queda paralizada entre el camino de la fe y el camino del mundo.

Un corazón sacudido por los vientos de las circunstancias y que ha perdido su sentido de orientación espiritual termina concluyendo:

“No tiene sentido seguir orando.”

Así llega a la etapa de Enkakein (ἐνκακεῖν): el agotamiento espiritual y el abandono de la oración. Toda la pasión y energía espiritual que tenía al principio quedan completamente consumidas, y la persona decide voluntariamente rendirse.

Finalmente, en la última estación de este proceso de desánimo, el creyente cae en la etapa más devastadora de todas: Apistia (ἀπιστία), es decir, el naufragio espiritual. La relación de confianza en el carácter y la soberanía de Dios queda completamente destruida, y Dios comienza a ser visto como un juez injusto.

Sin embargo, el salmista rompió esta cadena precisamente en el momento de shachach, cuando su alma estaba postrada hasta el suelo. Predicándose a sí mismo:

“Alma mía... espera en Dios”,

cortó el vínculo que lo habría conducido al enkakein (la rendición).

De la misma manera, Jesús advirtió de antemano a Sus discípulos que, cuando el peso de la realidad aplastara sus almas, no debían fijar la mirada en un mundo semejante a un juez injusto, sino confiar en el Padre bueno, para no caer en la trampa del enkakein, es decir, del desánimo y la renuncia espiritual.

(iii) Entonces, ¿cuáles son las etapas de la reacción inversa de la fe que rompe este círculo vicioso de desánimo y duda?

“Estas son las ‘cinco etapas de la reacción inversa de la fe’, que invierten exactamente el mapa de la caída espiritual que experimenta el creyente, rompen el círculo vicioso del desánimo y la duda, y lo conducen hacia la victoria. Contienen tanto la manera en que el salmista se predicaba a sí mismo en medio de la desesperación como el principio de fe que Jesús exigió en Lucas 18” (Internet).

1. Primera etapa [Cambio de enfoque]: Contemplar el rostro (carácter) de Dios

Principio de la reacción inversa: Es la etapa en la que apartamos nuestra mirada de las circunstancias que empeoran y comenzamos a contemplar el rostro bondadoso y el carácter de Dios en el mismo momento de shachach, cuando el alma está aplastada hasta el suelo.

Acción espiritual: Recordamos con absoluta confianza: “El Dios que escucha mis oraciones es el buen Padre que no escatimó ni a Su Hijo unigénito.” Y echamos el ancla de nuestra alma en la presencia de Dios, que es mucho más grande que las olas de nuestra realidad.

2. Segunda etapa [Proclamación al alma]: Frenar con la Palabra la división de un corazón dividido (Diakrino)

Principio de la reacción inversa: Es la etapa en la que no entregamos nuestro corazón a la voz de las circunstancias ni a la duda (diakrino), que nos susurran: “No tiene sentido seguir orando.” Por el contrario, proclamamos poderosamente la Palabra de Dios a nuestra propia alma (auto-predicación).

Acción espiritual: Así como el salmista exclamó: “¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios” (Salmo 42:5), dominamos nuestras emociones turbulentas mediante declaraciones de fe.

3. Tercera etapa [Paso voluntario]: Detener la vacilación (Distazo) y avanzar hacia el lugar de oración

Principio de la reacción inversa: Es la etapa de una decisión voluntaria mediante la cual rompemos el estado de parálisis espiritual (distazo), causado por los fuertes vientos de la realidad, y volvemos a doblar nuestras rodillas en oración.

Acción espiritual: Como Pedro sobre las aguas, que debía mirar a Jesús y no al viento ni a las olas, damos un paso adelante fijando nuestra mirada en Cristo. Aunque las emociones no nos acompañen, nos aferramos voluntariamente a las promesas de Dios y entramos en nuestro aposento de oración.

4. Cuarta etapa [Súplica perseverante]: La oración día y noche que rompe el desánimo (Enkakein)

Principio de la reacción inversa: Es la etapa en la que, durante el aparente silencio cuando parece que la oración no recibe respuesta, atravesamos la trampa del agotamiento espiritual (enkakein) y clamamos hasta el final, como la viuda que venció al juez injusto mediante su perseverancia.

Acción espiritual: Tomamos como arma la promesa del Señor: “¿Y acaso Dios no hará justicia a Sus escogidos que claman a Él día y noche?” (Lucas 18:7). Aferrándonos a esta promesa, no soltamos la cuerda de la oración y seguimos renovando nuestras fuerzas espirituales hasta que llegue la respuesta de Dios.

5. Quinta etapa [Cumplimiento de la promesa]: La consumación de una fe completa (Pistis) que vence la incredulidad (Apistia)

Principio de la reacción inversa: Es la etapa de la pistis (fe), en la que la relación de confianza plena con Dios queda restaurada. Independientemente de las circunstancias, avanzamos con gratitud, creyendo que Dios ya ha cumplido lo que ha prometido.

Acción espiritual: Nos convertimos en aquellos creyentes que poseen la “fe (pistis)” que Jesús dijo que estaría buscando cuando regrese. Aunque las circunstancias sigan en medio de la tormenta, nuestra alma disfruta de una profunda paz, y alabamos de antemano la victoria de Dios.