¡Ya no debemos seguir viviendo con la conciencia cauterizada por el autoengaño

 religioso (como si fuera una anestesia espiritual), pisoteando con nuestro orgullo a esa

 alma que Jesús compró con Su propia sangre, mientras nos decimos:

“Dios es amor, así que lo perdonará todo”!

 




“Dijo Jesús a sus discípulos: ‘Es imposible que no vengan tropiezos; pero ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le sería que se le colgara al cuello una piedra de molino y se le arrojara al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeños. Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti diciendo: “Me arrepiento”, perdónale’” (Lucas 17:1-4).




(1) Al leer el pasaje de hoy, Lucas 17:1-4, en el texto griego, me llamaron la atención varias palabras y expresiones griegas. Quisiera meditar en ellas para recibir la enseñanza que el Señor nos quiere dar.

(a) La primera palabra griega es “σκάνδαλα” (skándala, “tropiezos” o “cosas que hacen caer”) (v. 1).

(i) En Lucas 17:1 aparece en forma plural como σκάνδαλα (skándala). Inmediatamente después, al final del versículo 1 y nuevamente en el versículo 2, aparece la forma verbal σκανδαλίσῃ (skandalisē) una vez en cada versículo. Por lo tanto, contando tanto el sustantivo como el verbo derivados de la misma raíz, esta familia de palabras aparece un total de tres veces en este breve pasaje.

A continuación se presenta el significado bíblico y contextual de esta palabra (según diversas fuentes):

1. Significado literal de la palabra

El gatillo de una trampa: La palabra σκάνδαλον (skándalon, singular) originalmente se refería al palo donde se colocaba el cebo en una trampa para capturar animales, o a la pieza que activaba el mecanismo de la trampa.

Piedra de tropiezo: También podía referirse a un obstáculo colocado deliberadamente en el camino para hacer caer a alguien.

2. Significado espiritual y bíblico específico

Cuando Jesús habló de los “skándala” (tropiezos), no se refería simplemente a un incidente que hiere los sentimientos de alguien.

Tentación que conduce al pecado: Se refiere a toda estrategia o acción que induce espiritualmente a otra persona a pecar o a quejarse contra Dios.

Causa de apostasía: Es un obstáculo decisivo que hace que una persona se desvíe del camino de la fe y caiga de la posición de salvación.

3. Contexto en el pasaje de hoy (Lc. 17:1-4)

Una severa advertencia para proteger a los débiles: La expresión “uno de estos pequeños” (v. 2) se refiere a personas vulnerables o a creyentes nuevos cuya fe aún es débil. El juicio por hacer tropezar a uno de ellos es tan grave que Jesús afirma que sería mejor que se le colgara una piedra de molino al cuello y fuera arrojado al mar.

La responsabilidad comunitaria de la iglesia: Los creyentes deben ser ejemplo unos para otros para evitar que caigan en pecado. Si un hermano peca, debe ser reprendido; pero si se arrepiente, debe ser perdonado, aun “siete veces al día”, rompiendo así la cadena del tropiezo.

• Al meditar en esta palabra griega “σκάνδαλα” (skándala, “tropiezos”), me llamó la atención otro pasaje donde aparece la misma palabra: Romanos 16:17:

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos (σκάνδαλα) en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.”

Aquí, los “que causan tropiezos” (σκάνδαλα) son personas que conducen a los creyentes por un camino equivocado y los hacen caer en una trampa de muerte espiritual. En las epístolas de Pablo, esta expresión se refiere a falsos maestros y promotores de divisiones que destruyen la comunidad de la iglesia.

Ellos distorsionan la verdad, hacen tropezar a los creyentes y terminan dividiendo el cuerpo de Cristo. Estas son tres características de tales personas:

1. En primer lugar, se oponen a la enseñanza apostólica (el evangelio).

Introducen sigilosamente otro evangelio o ideas extrañas que se apartan de la norma correcta de fe que los creyentes aprendieron de los apóstoles, es decir, de las verdades esenciales del cristianismo.

2. En segundo lugar, su objetivo no es el Señor, sino “su propio vientre” (su codicia).

Aunque externamente aparentan servir a Dios y trabajar por la iglesia, en realidad utilizan a la comunidad para satisfacer sus propios deseos, o buscan formar grupos que los sigan para recibir honor y reconocimiento.

3. En tercer lugar, utilizan palabras astutas y aduladoras.

Hablan con gran elocuencia y atractivo, utilizando un lenguaje agradable y persuasivo (smooth and flattering speech). Aprovechan la falta de discernimiento y la ingenuidad de algunos creyentes para engañarlos sutilmente.

n. Por eso el apóstol Pablo ordenó a los creyentes de Roma: “...que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos (σκάνδαλα), y que os apartéis de ellos” (v. 17).

La palabra griega traducida como “fijarse”, σκοπεῖν (skopein), era utilizada en el ámbito militar para describir a un centinela o explorador que vigila cuidadosamente al enemigo. Esto implica que la iglesia debe mantenerse espiritualmente alerta, discerniendo cuidadosamente y observando atentamente cualquier enseñanza o movimiento que amenace el evangelio y provoque divisiones dentro de la comunidad (según diversas fuentes).

Asimismo, la palabra griega ἐκκλίνετε (ekklínete), traducida como “apartarse”, es un fuerte imperativo que significa “desviarse deliberadamente” o “alejarse resueltamente”. Es una advertencia a no involucrarse con tales personas. Debido a que las falsas enseñanzas y el espíritu de división son altamente contagiosos, no debe haber compromisos emocionales con ellos; más bien, se deben cortar valientemente esos vínculos espirituales (según diversas fuentes).

• Además, al meditar en esta palabra griega “σκάνδαλα” (skándala, “tropiezos”), también me llamó la atención otro pasaje donde aparece la misma raíz: 1 Corintios 1:23, acerca del escándalo de la cruz: “Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero (σκάνδαλον), y para los gentiles locura.”

El significado de este versículo es que los judíos esperaban que el Mesías viniera como un Rey glorioso. Por eso les resultaba imposible aceptar como Mesías a Jesús, quien murió colgado de un madero maldito (la cruz). Su propio prejuicio se convirtió en la trampa que les cerró el camino de la salvación.

En otras palabras, los judíos tropezaron porque estaban aferrados a sus propias ideas y a su orgullo: Tenían una expectativa mesiánica incorrecta y no bíblica (messianic expectation), esperando que el Mesías les trajera liberación política (political freedom), prosperidad económica (economic prosperity) y justicia social (social justice) (según Kim Se-Yoon). Además, estaban llenos de orgullo espiritual, convencidos de que eran el pueblo escogido y de que sólo ellos habían recibido la Ley de Moisés.

Por estas razones no pudieron aceptar a Jesús y terminaron tropezando (según diversas fuentes).

n. En definitiva, los judíos quedaron atrapados en “el molde de Mesías que ellos mismos habían creado” y en el privilegio religioso de considerarse el pueblo escogido, es decir, en su orgullo. Como resultado, no pudieron reconocer a Jesús, quien era la realidad misma de la revelación divina. La cruz se convirtió así en una piedra de tropiezo que expuso sus falsas certezas y su orgullo (según diversas fuentes).

(ii)

Al meditar en esta palabra griega “σκάνδαλα” (skándala, “cosas que hacen tropezar”), y al aplicarla a los cristianos de nuestro tiempo, recibo la enseñanza de que la cruz de Jesucristo debe convertirse en una piedra de tropiezo que exponga nuestra falsa seguridad y nuestro orgullo, llevándonos a confesar nuestros pecados y arrepentirnos bajo la convicción de nuestra conciencia.

Cuando el evangelio de Jesucristo es proclamado, el rechazo y la incomodidad que surgen dentro de nosotros, así como el aguijón de la conciencia, son en realidad el comienzo de la gracia de Dios quebrantando el corazón endurecido del ser humano. Al igual que los judíos, nosotros también somos propensos a caer en una versión moderna del sentimiento de pueblo escogido y del orgullo religioso (una falsa seguridad), pensando: «Soy un cristiano bastante bueno», o «He servido y me he sacrificado tanto que merezco ser salvo».
Sin embargo, la cruz revela que no son nuestras obras justas las que nos salvan, sino la realidad de que yo soy un pecador tan miserable que Jesús tuvo que sufrir el desgarramiento de Su carne y derramar Su sangre por mí. En el momento en que esta verdad hace tropezar nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia —convirtiéndose en un skándalon (σκάνδαλον) para nosotros— entonces comienza el verdadero arrepentimiento y la auténtica aceptación del evangelio (Internet).
(iii)

Hay un hecho que debemos considerar cuidadosamente: Jesús dijo a Sus discípulos:

«Es imposible que no vengan tropiezos»

(Ἀνένδεκτόν ἐστιν τοῦ τὰ σκάνδαλα μὴ ἐλθεῖν, Anéndekton estin tou ta skándala mē elthein)

(Lucas 17:1).

Traducida literalmente, esta frase griega significa:

«Es absolutamente imposible que no vengan las cosas que hacen tropezar (las trampas espirituales)».

Es decir, Jesús está afirmando que inevitablemente ocurrirán situaciones que hagan tropezar a las personas en este mundo (Internet).

• Jesús pronunció estas palabras por razones espirituales y prácticas de suma importancia:
1. El significado específico que encierra esta declaración
a. Una denuncia de la realidad inevitable de un mundo caído en pecado

Esta declaración expone la verdadera condición espiritual del mundo.

Desde la caída de Adán, el mundo ha estado bajo la influencia de Satanás, el príncipe de la potestad del aire, y la naturaleza humana ya ha sido corrompida por el egoísmo y el orgullo.

Por lo tanto, Jesús reconoce que, en la realidad en la que vivimos, existen de manera estructural e inevitable trampas espirituales que hacen caer a otros, los hieren y los inducen al pecado.

b. Un llamado a la vigilancia espiritual y al discernimiento

Jesús está administrando a Sus discípulos una especie de «vacuna espiritual».

Les advierte que no esperen una utopía donde no existan pruebas, tentaciones ni obstáculos que puedan hacerlos caer mientras edifican la iglesia y viven su fe.

Puesto que siempre habrá “skándala” (cosas que hacen tropezar) tanto en el mundo como dentro de la comunidad cristiana, los creyentes deben permanecer espiritualmente despiertos y vigilantes, como centinelas de guardia, tal como Pablo exhorta en Romanos 16:17 mediante la palabra σκοπεῖν (skopein, “observar cuidadosamente”).

c. Separar la inevitabilidad del entorno de la responsabilidad personal

El punto teológico más importante es que la inevitabilidad de que existan tropiezos en el mundo no constituye una excusa para quien los provoca. La segunda parte de Lucas 17:1 continúa diciendo: «¡Ay de aquel por quien vienen!»

Que el mundo sea malo y que existan tentaciones es una realidad histórica y espiritual inevitable. Sin embargo, en el momento en que yo me convierto en instrumento de ese mal y actúo como una trampa (skándalon) que hace caer a otra persona, la responsabilidad recae completamente sobre mí.

Jesús está proclamando este solemne principio de responsabilidad moral.

2. Aplicación para los cristianos de hoy

Este pasaje enseña que los cristianos modernos no deberían orar solamente por un entorno libre de pruebas, sino más bien: «Señor, en medio de este mundo lleno de tentaciones, no permitas que yo me convierta en una trampa que haga tropezar a otros».

Puede que nunca desaparezcan las trampas de este mundo, pero debemos arrepentirnos profundamente para impedir que nuestra propia falsa seguridad y orgullo se conviertan en causa de tropiezo para nuestros prójimos y para la iglesia. Este texto constituye un poderoso desafío para nosotros (Internet).

Sin embargo, en realidad, muchos cristianos contemporáneos han caído en el mismo error que cometieron los judíos: están dominados por la falsa seguridad (autojusticia) y el orgullo espiritual. En lugar de ser la sal y la luz del mundo, se están convirtiendo en enormes “skándala” (piedras de tropiezo) que hacen caer tanto a sus vecinos como a la iglesia.

Consideremos tres formas concretas en que esta falsa seguridad y este orgullo actúan hoy como “skándala” (cosas que hacen tropezar) (Lc. 17:1).

a. Una falsa seguridad basada en la «gracia barata»

Muchos cristianos de hoy viven atrapados en la falsa seguridad de considerar la frase «he creído en Jesús y soy salvo» como una especie de salvoconducto espiritual.

Religiosidad sin transformación de vida: Carecen de frutos dignos de arrepentimiento —integridad ética, sacrificio y amor—, pero se aferran de manera casi supersticiosa a la seguridad de la salvación. ¿Por qué esto se convierte en una piedra de tropiezo? La gente del mundo no observa principalmente las confesiones doctrinales de los creyentes, sino la manera en que viven. La hipocresía (Hypocrisy) de aquellos cristianos cuya vida contradice completamente sus palabras se ha convertido en una de las trampas más grandes que impiden a los incrédulos acercarse a la iglesia.

b. El orgullo espiritual convertido en «privilegio religioso»

Así como los judíos se gloriaban de ser el pueblo escogido y poseer la Ley, los cristianos modernos también pueden caer en el orgullo de considerar la sana doctrina y sus muchos años de experiencia cristiana como una especie de privilegio adquirido.

Arrogancia y exclusivismo: En lugar de ver a los demás como personas dignas de misericordia y servicio, los tratan desde una posición de superioridad moral y espiritual, buscando corregirlos o condenarlos. ¿Por qué esto se convierte en una piedra de tropiezo?

Las personas heridas, necesitadas de consuelo o débiles en la fe terminan decepcionadas por esta actitud autoritaria y autosuficiente de la iglesia, tropiezan espiritualmente y abandonan la comunidad.

c. La teología de la prosperidad como una expectativa mesiánica moderna

La expectativa equivocada de los judíos acerca del Mesías —liberación política y prosperidad económica—, señalada por el profesor Kim Se-Yoon, ha reaparecido hoy dentro de la iglesia bajo la forma de la teología de la prosperidad: «Si crees en Jesús, necesariamente tendrás éxito y recibirás bendiciones materiales».

Un cristianismo secularizado: El camino estrecho de la cruz, la humildad, la negación de uno mismo y el discipulado sacrificial desaparecen, mientras que la búsqueda de poder y riquezas mundanas en el nombre de Jesús es elogiada como señal de gran fe. ¿Por qué esto se convierte en una piedra de tropiezo? Cuando la iglesia adora el dinero y el poder igual que el mundo, el evangelio de la cruz pierde su autoridad y se convierte en objeto de burla. Esta es precisamente una de las trampas más decisivas que producen el estancamiento espiritual de la iglesia y hacen que el mundo la desprecie.

La urgencia de confesar: «Yo mismo soy el skándalon» Jesús dijo que en el mundo siempre existirán cosas que hacen tropezar.

Pero también advirtió solemnemente: «¡Ay de aquel por quien vienen!» Por lo tanto, lo más urgente para los cristianos de esta generación no es señalar con el dedo diciendo: «Esa persona es el problema», o «Esa iglesia es el problema». Más bien, debemos examinarnos diariamente y arrepentirnos bajo la convicción de nuestra conciencia, diciendo:

«Señor, ¿acaso mi falsa seguridad y mi orgullo están actuando de tal manera que yo mismo me he convertido en una trampa (skándalon) que hace tropezar a otros?»

n. Después de esto, cada uno de nosotros debe dejar de ser una piedra de tropiezo y convertirse en una piedra de apoyo allí donde Dios nos ha colocado. ¿Cuáles son los valores concretos del evangelio que debemos recuperar para convertirnos en piedras de apoyo? Basándonos en el carácter y el ministerio de Jesús, hay tres valores prácticos que debemos restaurar (Internet).

1. La «Kenosis» (vaciamiento de sí mismo): hacerse siervo vaciándose a sí mismo (Filipenses 2:7)

El primer paso para convertirse en una piedra de apoyo consiste en renunciar a nuestros derechos y privilegios para humillarnos por el bien de los demás.

La esencia del evangelio: Filipenses 2:7 declara que Jesús: «se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo». Aunque era igual a Dios, renunció voluntariamente a Sus derechos y se convirtió en la piedra de apoyo para la salvación de la humanidad.

Aplicación práctica: Debemos vaciarnos del deseo de ser honrados por nuestras opiniones, nuestra experiencia espiritual o nuestra posición social. En lugar de utilizar a otros como escalones para nuestro propio beneficio, debemos adoptar la actitud de siervos dispuestos a renunciar a su orgullo y privilegios para que otros puedan acercarse a Dios apoyándose en nosotros.

2. La compasión que vence la condenación

Las piedras de tropiezo nacen del orgullo que juzga y condena. Las piedras de apoyo comienzan con un corazón compasivo hacia las almas.

La esencia del evangelio: Los pecadores, publicanos y prostitutas que Jesús encontró habían sido heridos y marginados por las rígidas normas religiosas de los líderes de su tiempo. Jesús nunca justificó sus pecados, pero sí mostró una profunda compasión por su dolor y su ignorancia espiritual.

Aplicación práctica: Cuando vemos las debilidades o faltas morales de otros, debemos abandonar la actitud altiva de crítica y condenación. En su lugar, debemos recordar: «Yo también estaría en ese mismo lugar si no fuera por la gracia de Dios». Necesitamos recuperar la humildad espiritual que se coloca al lado del pecador y llora con él.

3. El perdón y la paz sin límites

No es casualidad que inmediatamente después de advertir acerca de los tropiezos (Lucas 17:1-2), Jesús dijera: «Si vuelve a ti siete veces al día diciendo: “Me arrepiento”, perdónale» (vv. 3-4).

La esencia del evangelio: El orgullo humano nunca olvida las faltas ajenas y las acumula como resentimiento, tendiendo trampas dentro de la comunidad. Pero el evangelio proclama que Dios nos ha perdonado una deuda impagable de diez mil talentos.

Aplicación práctica: Debemos abandonar el odio y los deseos de venganza contra quienes nos han herido en la iglesia o en el hogar.
La incapacidad de perdonar se convierte en uno de los “skándala” más peligrosos que destruyen la comunidad cristiana. Por ello, debemos extender la mano primero, buscar la reconciliación y vivir como verdaderos pacificadores (Peacemakers).

En resumen:
El cristiano que se convierte en una piedra de apoyo es aquel que ha muerto a sí mismo y vive por Cristo. Cuando estamos llenos de nosotros mismos, nos convertimos en piedras de tropiezo que hieren a los demás. Pero cuando morimos con Cristo en la cruz y permitimos que Su humildad y Su compasión fluyan a través de nosotros, entonces llegamos a ser piedras sobre las cuales las almas caídas pueden apoyarse para levantarse nuevamente.

(b) La segunda frase griega es: “λυσιτελεῖ αὐτῷ εἰ λίθος μυλικὸς περίκειται περὶ τὸν τράχηλον αὐτοῦ καὶ ἔρριπται εἰς τὴν θάλασσαν” (lysitélei autō ei líthos mylikòs períkeitai perì tòn tráchēlon autoû kaì érriptai eis tēn thálassan) (“Más le valdría que se le colgara al cuello una piedra de molino y fuera arrojado al mar”) (Lc. 17:2b).**

La traducción literal de esta frase en el idioma original es: “Si una piedra de molino fuese atada alrededor de su cuello y él fuese arrojado al mar, eso sería más beneficioso para él (sería mejor para él)” (Internet).

(i)

La razón por la que Jesús utilizó una ilustración tan aterradora y provocadora está arraigada en el trasfondo religioso de la sociedad judía de aquella época (Internet):

1. El castigo más miserable: morir ahogado

Para los judíos, la práctica funeraria más honorable e importante era ser sepultado junto con los antepasados en la tumba familiar.

Por el contrario, ser atado a una enorme piedra y arrojado al fondo del mar para morir ahogado era una forma de ejecución reservada en aquellos tiempos, entre romanos, griegos y sirios, para criminales extremadamente perversos o traidores.

2. El mar como símbolo de maldición eterna

En la cosmovisión judía, el mar no era simplemente un lugar lleno de agua, sino un símbolo de las fuerzas del Seol, del caos y de la maldición, donde acechaban Satanás y los espíritus malignos.

Ser arrojado al mar y no poder siquiera recuperar el cuerpo representaba visualmente la pérdida total de toda esperanza de salvación y la destrucción bajo un castigo y una maldición eternos. Era una de las imágenes más aterradoras que podían imaginar.

3. El núcleo de la advertencia: la gravedad del pecado de hacer tropezar a otros

El punto central de Jesús no es que morir ahogado sea algo deseable.

Su enseñanza es la siguiente:

“Sería menos grave sufrir la muerte más horrible y maldita que este mundo pueda ofrecer, que comparecer ante el tribunal de Dios después de haber hecho tropezar a uno de estos pequeños por causa de tu orgullo y de tu falsa seguridad espiritual.”

Por medio de este contraste extremo, Jesús advierte solemnemente cuán terrible y pesada es, ante los ojos de Dios, la culpa de destruir la fe de otra persona.

• Sin embargo, la realidad de muchas iglesias hoy es que se cometen innumerables pecados que destruyen la fe de otros y los hacen tropezar.

Uno de los problemas más serios es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de cuán grave y terrible es este pecado delante de Dios.

¿Cuál es la causa?

Estas son algunas de las razones que producen una especie de “lepra espiritual estructural” —una pérdida de sensibilidad espiritual— que impide a los creyentes y a las iglesias percibir la gravedad de este pecado (Internet):

a. La reducción del concepto de pecado al ámbito privado

El cristianismo moderno ha reducido excesivamente el pecado a un asunto exclusivamente entre Dios y el individuo, o a un problema meramente moral y personal.

Nos sentimos culpables porque no oramos lo suficiente, porque tenemos pensamientos impuros o porque reconocemos defectos en nuestro carácter.

Sin embargo, cuando un hermano se decepciona por nuestras palabras o acciones, abandona la iglesia y pierde la fe, solemos decir: “Fue porque su fe era débil; no es culpa mía.” De esta manera evadimos fácilmente nuestra responsabilidad espiritual. La sensibilidad hacia el pecado comunitario queda completamente paralizada.

b. Un crimen espiritual cuyos efectos no son visibles

Cuando alguien golpea a otra persona o roba dinero, el pecado es visible y la culpa aparece inmediatamente.

Pero el proceso mediante el cual nuestro sentimiento de superioridad espiritual, una palabra arrogante o una vida hipócrita envenenan el alma de otra persona y la conducen lentamente a la muerte espiritual no puede verse a simple vista.

Así ocurre una tragedia: alguien puede estar utilizando diariamente armas capaces de matar espiritualmente a otros y, como no ve sangre delante de sus ojos, no llega a comprender cuán cruel es realmente su pecado.

c. La anestesia espiritual producida por una “doctrina barata de la salvación”

El problema más grave es que muchas iglesias han distribuido indiscriminadamente un consuelo superficial diciendo: “Ya creíste en Jesús; por lo tanto, todos tus pecados, pasados, presentes y futuros, ya han sido perdonados.”

Esta falsa seguridad filtra incluso las severas advertencias de Jesús acerca de la piedra de molino, llevando a algunos a pensar: “De todos modos ya soy salvo; ese juicio no se aplica a mí.”

Así, mientras pisotean con su orgullo a esa alma que Jesús compró con Su sangre, viven bajo una especie de autoengaño religioso —una anestesia espiritual— pensando: “Dios es amor; Él lo perdonará todo.” Y continúan viviendo con la conciencia cauterizada.

(c) La tercera palabra griega es: “ἐπιτίμησον” (epitímēson) (“repréndelo” o “amonéstalo”) (Lc. 17:3).

(i) Esta palabra, pronunciada por Jesús, suele traducirse en las Biblias como “reprende”, “corrige” o “amonesta”. Cuando la relacionamos con el contexto del “escándalo” (skándala) que hemos estado meditando, vemos que contiene un valor evangélico sumamente serio y exigente, destinado a impedir que la iglesia caiga en un amor distorsionado o en la tolerancia cómplice. A continuación se presenta un resumen del significado original de esta palabra y de su carácter teológico en el pasaje (Internet):

1. Significado original y matiz

“Epitímēson” (ἐπιτίμησον) es la forma imperativa del verbo “epitimáō” (ἐπιτιμάω).

No se trata simplemente de una suave recomendación del tipo: “Por favor, no hagas eso”.

Reprensión con carácter de ultimátum

Es una palabra utilizada cuando un juez declara la culpabilidad de alguien y lo reprende severamente, o cuando una autoridad corrige enérgicamente una conducta equivocada.

Uso en los Evangelios

Este término aparece cuando Jesús: reprende a los demonios inmundos y los expulsa (Lc. 4:35), o cuando reprende al viento y al mar y los calma (Lc. 8:24).

En otras palabras, es una palabra de autoridad espiritual que ordena a las fuerzas del mal o a situaciones destructivas: “¡Detente inmediatamente!”

2. Su significado específico en Lucas 17:3

Cuando Jesús dijo: “Si tu hermano peca, repréndelo”, tenía dos propósitos relacionados con la preservación de la comunidad.

① Un mecanismo de defensa para cortar el contagio del pecado y la cadena del tropiezo

El pecado es como la levadura. Si se deja sin corregir, contamina toda la comunidad y termina convirtiéndose en una enorme trampa (skándala) que hace tropezar a muchos de los “pequeños”. Ver el pecado de un hermano y permanecer en silencio bajo el pretexto del “amor” constituye una irresponsabilidad muy seria.

Por eso, “epitímēson” significa cortar decididamente la propagación del pecado como un centinela espiritual, para impedir que siga creciendo y haga tropezar a otros. Es el acto amoroso de podar aquello que amenaza la vida espiritual de la comunidad.

② Guiar al hermano al arrepentimiento para rescatarlo de la destrucción

El propósito de esta reprensión no es condenar, destruir o expulsar a la persona.

La segunda parte del versículo 3 dice: “Y si se arrepiente, perdónalo.”

Debido al orgullo humano, las personas suelen volverse ciegas a sus propios pecados.

Pero cuando un hermano amado señala firmemente ese pecado con autoridad espiritual y con dolor en el corazón (epitímēson), la conciencia puede ser despertada y la persona puede regresar al camino del arrepentimiento.

Por tanto, esta reprensión es como una cirugía dolorosa pero necesaria para salvar el alma de un hermano.

3. Un discernimiento que muchos cristianos modernos han perdido

La iglesia contemporánea ha perdido el equilibrio de este mandato de “epitímēson”.

Por un lado, algunos ven el pecado de un hermano y prefieren ignorarlo para evitar conflictos o críticas posteriores.

Eso es complicidad pasiva.

Por otro lado, algunos condenan y critican a otros desde una actitud de superioridad y orgullo, sin la humildad de la cruz.

Eso es juicio arrogante.

La reprensión de la que habla Jesús elimina tanto la falsa seguridad como el orgullo personal y se realiza únicamente con lágrimas nacidas de la cruz, buscando la santidad de la comunidad y la salvación del hermano. Es una advertencia santa.

En resumen: La palabra “ἐπιτίμησον” (epitímēson) en Lucas 17:3 es un mecanismo espiritual de amor que, con la misma autoridad con la que Jesús reprendió a los demonios y a la tormenta, confronta firme y decididamente el pecado que conduce a un hermano a la destrucción, diciéndole: “¡Detente ahora mismo!”

• Al meditar en la palabra “ἐπιτίμησον” (epitímēson: reprender, amonestar), recordé Proverbios 27:5: “Mejor es la reprensión manifiesta que el amor oculto.” (“Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto.”) (“Más vale una corrección hecha abiertamente que un amor guardado en silencio.”)

1. La expresión hebrea correspondiente a “ἐπιτίμησον” (epitímēson)

El verbo base “epitimáō” (ἐπιτιμάω) fue utilizado frecuentemente en la Septuaginta (LXX) para traducir varios términos hebreos del Antiguo Testamento, especialmente los siguientes:

Gāʿar (גָּעַר)

Significa: reprender, advertir, restringir, refrenar.

Se usa frecuentemente para describir las reprensiones soberanas de Dios, como cuando Él reprende al mar o reprende a Satanás.

Yāḵaḥ (יָכַח)

Significa: reprender, corregir, argumentar sobre lo correcto y lo incorrecto, juzgar.

Describe el acto de corregir firmemente a alguien para ayudarle a rectificar su conducta.

Por lo tanto, cuando Jesús ordenó a Sus discípulos: “Reprende a tu hermano” (epitímēson), estaba incorporando todo el trasfondo bíblico del Antiguo Testamento, que implica: “Refrena el poder del pecado (gāʿar) y corrige con firmeza lo que está mal (yāḵaḥ).”
Este mandato lleva consigo todo el peso de esa rica tradición bíblica.

2. Profunda relación con Proverbios 27:5

“Mejor es la reprensión manifiesta que el amor oculto” (Pr. 27:5).

① Coincidencia de términos y significado: “la reprensión abierta”

Si observamos el texto griego de la Septuaginta (LXX) de Proverbios 27:5, la expresión “reprensión manifiesta” se traduce como “ἔλεγχοι ἀποκεκαλυμμένοι” (elenchoi apokekalymmenoi).

Aquí, “elenchos” (reprensión) es un término que, en el Nuevo Testamento, se utiliza de manera complementaria con “epitimao” de Lucas 17:3, como un sinónimo de la acción de exponer el pecado y corregirlo. Es decir, lo que Proverbios presenta desde la perspectiva de la sabiduría como una “reprensión abierta”, Jesús lo convierte, desde la perspectiva del Evangelio, en un mandato práctico para salvar a la comunidad: “repréndelo” o “amonéstalo”.

② El “amor oculto” puede convertirse en una piedra de tropiezo (skándalon)

Proverbios advierte contra la actitud de quien ve el error de su amigo pero guarda silencio, ya sea por temor a que la relación se vuelva incómoda o por miedo a ser rechazado, llamando a esto “amor oculto” (κρυπτομένης φιλίας).

Cuando un hermano ha caído en pecado y está haciendo tropezar a otros miembros más débiles de la iglesia, permanecer en silencio bajo el pretexto del “amor” no es amor, sino complicidad. Debido a ese amor oculto (complicidad), el hermano pierde la oportunidad de arrepentirse y la comunidad termina cayendo en una trampa.

③ La reprensión dolorosa es el verdadero “peldaño de apoyo”

El versículo siguiente, Proverbios 27:6, declara:

“Fieles son las heridas del que ama.”

La “epitímeson” (reprensión) de la que habló Jesús produce un dolor semejante al de una herida. Sin embargo, sólo cuando esa advertencia dolorosa cumple su función, el pecador puede reconocer su falsa seguridad y su orgullo, siendo convencido por su conciencia y llevado al arrepentimiento.

Por lo tanto, la reprensión firme que se ofrece por el bien del alma del hermano, aun a riesgo de dañar temporalmente la relación, se convierte en el verdadero peldaño evangélico que lo rescata de la destrucción.

Conclusión final

La expresión de Jesús “epitímeson” (Lc. 17:3) tiene sus raíces en los conceptos veterotestamentarios de “ga'ar” y “yakaj” (reprender y corregir), y armoniza perfectamente con el espíritu de Proverbios 27:5.

El amor cristiano genuino no es un “amor barato” que ve el pecado y permanece oculto en silencio. Para impedir el tropiezo de la comunidad y salvar el alma del hermano, la iglesia de hoy necesita recuperar esa santidad valiente que es capaz de reprender con lágrimas de cruz y amor verdadero. Esa es una de las enseñanzas centrales tanto de Proverbios como del Evangelio.

(d) La cuarta palabra griega: “μετανοήσῃ” (metanoḗsē) — “si se arrepiente” (Lc. 17:3)
(i)

En el versículo siguiente (v. 4), aparece una vez la misma raíz verbal en la forma “Μετανοῶ” (Metanoō, “me arrepiento”). Por lo tanto, el verbo “metanoeō” (arrepentirse) aparece dos veces en esta sección.

1. Significado original: un cambio radical de mente y dirección

“Metanoḗsē” es una forma subjuntiva del verbo “metanoeō” (μετανοέω). Como palabra compuesta griega, contiene una idea profundamente dinámica:

Meta (μετά): después de, cambio.
Noeō (νοέω): pensar, comprender, tener una disposición mental.

Literalmente significa:

“cambiar la manera de pensar” o “volver el corazón en otra dirección”.

Matiz específico

No se refiere simplemente a sentir tristeza, llorar o lamentar errores pasados (remordimiento).

Más bien, significa una transformación total de la orientación de la vida: abandonar completamente la dirección, los valores y las convicciones que uno consideraba correctos, y volverse hacia Dios. Es una conversión integral de toda la persona.

2. Significado específico dentro de la cláusula condicional (v. 3: “si se arrepiente”)
Confirmación de un cambio real

Jesús no está promoviendo una tolerancia indiscriminada ni el encubrimiento del pecado.

El término “metanoḗsē” indica que, como respuesta a la reprensión firme (epitímeson), el hermano que pecó ha quebrantado su orgullo y falsa seguridad, produciéndose un cambio real en la dirección de su vida.

Condición para el perdón

El gran perdón del Evangelio (ἄφες αὐτῷ, “perdónalo”) no fluye hacia quien justifica su pecado, sino hacia quien se humilla mediante este arrepentimiento genuino.

3. Significado como acto confesional (v. 4: “me arrepiento”)
Reconocimiento de la debilidad repetida

En el versículo 4, “metanoō” describe la escena dinámica en la que el hermano pecador abre su boca y declara:

“Voy a apartarme del camino por el que iba.”

Aunque sea siete veces al día

El ser humano es débil y puede caer repetidamente en la misma trampa (skándalon).

El Señor enseña que, si esa persona vuelve sinceramente una y otra vez diciendo “me arrepiento”, la comunidad no debe sospechar de su sinceridad ni condenarla, sino recibirla y darle una nueva oportunidad cada vez.

4. El principio espiritual del arrepentimiento en Lucas 17:3

La palabra “metanoeō” (arrepentirse) revela profundos principios del Evangelio.

① El único camino para quebrantar la falsa seguridad y el orgullo

Tanto los judíos de la época como muchos cristianos modernos se convierten en piedras de tropiezo (skándala) porque están atrapados en sus propias ideas y privilegios religiosos.

Cuando escuchan la reprensión firme (epitímeson) de un hermano, la reacción natural del orgullo humano es justificarse o resistirse.

Pero cuando la gracia de Dios actúa y surge el verdadero arrepentimiento, la falsa justicia propia y la convicción de que “yo tengo razón y el otro está equivocado” quedan completamente destruidas delante de la cruz.

Es entonces cuando la persona enfrenta honestamente la realidad de su pecado y la reconoce.

② Conexión con el “Shuv” (שׁוּב) del Antiguo Testamento

Este término continúa directamente el concepto hebreo “Shuv”, utilizado por los profetas cuando clamaban a Israel:

“¡Volveos!”

Es una idea dinámica: detenerse en el camino equivocado, cambiar de dirección y caminar hacia Dios.

Por ello, el arrepentimiento de Lucas 17:3 no es un simple “lo siento” utilizado para salir de una situación incómoda, sino una transformación real de vida que abandona el orgullo que hacía tropezar a otros y adopta una actitud de humildad y servicio.

③ La única llave que abre el perdón ilimitado (v. 4)

Jesús dice:

“Si se arrepiente, perdónalo.”

El Evangelio no es una amnistía barata distribuida indiscriminadamente.

La gracia de la sangre de Cristo y el perdón de la comunidad son derramados sobre quien reconoce su propia ruina mediante un arrepentimiento genuino.

Cuando esto ocurre, se produce un milagro espiritual: una vida que antes era piedra de tropiezo se transforma en un fundamento que edifica a la comunidad.

Resumen final

La expresión “μετανοήσῃ” (metanoḗsē, “si se arrepiente”) en Lucas 17:3 significa mucho más que un remordimiento emocional. Describe una transformación radical mediante la cual una persona crucifica su falsa seguridad y su orgullo delante de la cruz, y reorienta toda su vida hacia Dios y hacia el prójimo.

Sólo quien acepta la reprensión dolorosa (epitímeson) y acude al arrepentimiento puede experimentar el verdadero perdón y la auténtica restauración.

Mientras meditaba sobre la palabra “μετανοήσῃ” (metanoḗsē, “si se arrepiente”), recordé la petición del Padre Nuestro:

“Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Entonces surgió esta pregunta:

“¿Significa esto que sólo debemos perdonar a quienes pecan contra nosotros si primero se arrepienten ante nosotros?”

La respuesta de la inteligencia artificial fue la siguiente:

“Esta afirmación del Padre Nuestro plantea una de las preguntas más profundas y debatidas de la fe cristiana.

La respuesta breve es que Jesús nos llama a perdonar primero en nuestro corazón, independientemente de si la otra persona se arrepiente o no.

A continuación, se explica cómo la enseñanza de Lucas 17 (‘si se arrepiente, perdónalo’) y la enseñanza del Padre Nuestro sobre el perdón incondicional se armonizan dentro del Evangelio.”