“Señor, déjalo también este año.”
“Entonces dijo esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña; vino a buscar fruto en ella y no lo encontró. Y dijo al viñador: ‘Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo hallo; córtala. ¿Para qué inutiliza también la tierra?’ Entonces él respondió y le dijo: ‘Señor, déjala también este año, hasta que yo cave alrededor de ella y le ponga abono. Y si da fruto, bien; y si no, la cortarás después.’” (Lucas 13:6–9)
(1) Hoy deseo meditar en la enseñanza que nos da Jesús en el pasaje de Lucas 13:6–9, la “parábola de la higuera que no da fruto”, bajo el título: “Señor, déjalo también este año.”
(a) En primer lugar, me surgió la inquietud de cuál es la relación entre esta parábola de Jesús en Lucas 13:6–9 y el pasaje que medité ayer por la mañana, Lucas 13:1–5.
(i) “Lucas 13:1–5 y 6–9 están estrechamente conectados por los temas del ‘arrepentimiento’ y ‘la postergación del juicio’. Mientras que los versículos 1–5 enfatizan la necesidad del arrepentimiento, los versículos 6–9 hablan de la oportunidad para arrepentirse.”
1. Continuidad del tema: “Si no os arrepentís, pereceréis”
En los versículos 1–5, Jesús menciona a los galileos asesinados por Pilato y a los que murieron en el accidente de la torre de Siloé, advirtiendo dos veces: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.” Inmediatamente después de esta seria advertencia aparece la parábola de la higuera, que muestra de forma visual el resultado de una vida sin arrepentimiento (ser cortada).
2. El “fruto” como evidencia del arrepentimiento
Mientras que en los versículos 1–5 se usa directamente la palabra “arrepentimiento”, la parábola de los versículos 6–9 lo explica simbólicamente como “fruto”.
El dueño busca fruto en la higuera. Esto significa que Dios busca evidencia de un verdadero cambio (arrepentimiento) en nuestras vidas.
Un árbol sin fruto es considerado inútil, como algo que solo ocupa la tierra, y por ello se convierte en objeto de juicio (ser cortado).
3. La paciencia de Dios y el tiempo de oportunidad
Los acontecimientos trágicos de los versículos 1–5 advierten que la muerte puede llegar de manera inesperada. En contraste, la parábola de los versículos 6–9, a través de la súplica del viñador: “déjala también este año”, nos enseña que la razón por la que aún estamos vivos no es porque estemos sin pecado, sino gracias a la misericordia y la paciencia de Dios.
Ahora todavía es un tiempo de oportunidad, un “año de gracia”. Sin embargo, este período de espera no es eterno; si finalmente no hay fruto (arrepentimiento), no se podrá evitar el juicio. Esto transmite también un sentido de urgencia.
En resumen, cuando los oyentes que escucharon la advertencia de los versículos 1–5 podrían haber preguntado: “Entonces, ¿qué debemos hacer?”, Jesús responde mediante la parábola de los versículos 6–9: “Den fruto de arrepentimiento pronto mientras Dios les da la oportunidad.” (Internet)
• Aquí se dice que Dios busca evidencia de un verdadero cambio (arrepentimiento) en nuestras vidas. ¿Qué ejemplos pueden ilustrar esa evidencia?
“La evidencia del arrepentimiento en la Biblia va más allá del simple remordimiento o una confesión emocional; significa un ‘cambio de dirección’ que se manifiesta en acciones concretas. Basándonos en las enseñanzas de Juan el Bautista y de Jesús, podemos ver algunos ejemplos:”
1. Honestidad y justicia en las relaciones (Lucas 3:10–14)
Cuando las personas preguntaron qué frutos son dignos del arrepentimiento, Juan el Bautista presentó cambios concretos en las relaciones sociales y profesionales:
Compartir: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene.
Honestidad: Los recaudadores de impuestos no deben cobrar más de lo establecido.
Justicia: Los soldados no deben extorsionar ni acusar falsamente, sino contentarse con su salario.
2. Restitución y responsabilidad (Lucas 19:8)
El caso de Zaqueo muestra una evidencia muy clara del arrepentimiento:
Si alguien ha hecho daño a otros, no basta con sentirse arrepentido; debe haber una restitución real. Zaqueo declaró que daría la mitad de sus bienes a los pobres y devolvería cuatro veces lo que hubiera obtenido injustamente.
3. Transformación del carácter (Gálatas 5:22–23)
Un carácter centrado en uno mismo cambia a uno guiado por el Espíritu Santo:
El amor, el gozo y la paz reemplazan la ira y el odio.
La paciencia y la bondad sustituyen la impaciencia.
4. Cambio de prioridades (Mateo 6:33)
La vida deja de centrarse en uno mismo —preocupándose solo por “qué comer o beber”— y pasa a buscar primero “el reino de Dios y su justicia”.
En resumen,
la evidencia del arrepentimiento puede describirse como todos aquellos cambios en la vida en los que comenzamos a odiar los pecados que antes considerábamos normales y a seguir con gozo la voluntad de Dios que antes ignorábamos. (Internet).
• Comparto solo una parte de un escrito que hice el 4 de octubre de 2018, bajo el título “Nosotros, los pastores, debemos dar frutos dignos de arrepentimiento”, basado en Mateo 3:7–8:
Nosotros, los pastores, debemos arrepentirnos. Debemos confesar nuestros pecados. Debemos confesar y arrepentirnos del pecado de la hipocresía. Aunque por fuera parezcamos justos ante los hombres, por dentro debemos confesar y arrepentirnos ante Dios de todos nuestros pecados ocultos: hipocresía, codicia, desenfreno, ilegalidad y más. Debemos confesar y arrepentirnos del pecado de no andar conforme al Espíritu, sino más bien oponernos al Espíritu Santo y seguir los deseos de la carne, practicando las obras de la carne (Gálatas 5:16–21).
También debemos abandonar y arrepentirnos del sentimiento de superioridad espiritual que llevamos dentro, así como de cualquier sentido de autoridad, privilegio o mérito que no sea bíblico. En particular, debemos confesar y arrepentirnos del pecado de predicar y enseñar incorrectamente a Jesucristo. Es decir, debemos arrepentirnos del gran pecado de proclamar y enseñar “otro evangelio” (Gálatas 1:6).
Y debemos dar frutos dignos de arrepentimiento. Debemos crecer en el conocimiento de Jesucristo. Debemos decidir no saber nada excepto a Jesucristo y a Él crucificado (1 Corintios 2:2), porque el conocimiento de Cristo Jesús nuestro Señor es de supremo valor (Filipenses 3:8).
Y al seguir a Jesucristo, debemos proclamar su evangelio con el corazón de Cristo (Filipenses 1:8; 1 Corintios 9:16). En otras palabras, primero debemos vivir de una manera digna del evangelio (Filipenses 1:27), y luego predicar valientemente el evangelio de Jesucristo. Debemos imitar la humildad de Cristo (Filipenses 2:5), servir a nuestro prójimo y vivir una vida que muestre la misericordia y compasión que el Señor desea (Mateo 9:13; 12:7).
Por la gracia de Dios, oro para que entre nosotros abunden los frutos dignos de arrepentimiento.
• También comparto esta parte de un escrito que hice el 24 de octubre de 2025, bajo el título “¡El fruto del arrepentimiento manifiesta el amor verdadero!”, basado en Lucas 3:10–14:
Por eso Juan (el Bautista) dijo: “Produzcan acciones que demuestren que realmente se han arrepentido” (Lucas 3:8, versión moderna).
Los frutos dignos de arrepentimiento —es decir, las acciones que muestran un arrepentimiento genuino— fueron los siguientes:
A la multitud (v.10): “El que tenga dos túnicas, comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo” (v.11).
A los recaudadores de impuestos (v.12): “No cobren más de lo establecido” (v.13).
A los soldados (v.14): “No extorsionen ni acusen falsamente a nadie, y conténtense con su salario” (v.14).
Al reflexionar sobre estos tres frutos dignos de arrepentimiento —acciones que evidencian un arrepentimiento verdadero— los resumo de manera sencilla así:
(1) compartir,
(2) no tomar más de lo debido,
(3) estar contento.
(b) En segundo lugar, al meditar en el pasaje de hoy, Lucas 13:6–9, sentí curiosidad por la “parábola de la higuera que no da fruto” que Jesús mencionó, y le pregunté a una inteligencia artificial (IA).
“Lucas 13:6–9 es la parábola de la higuera estéril. A través de esta parábola, Jesús enseña sobre la paciencia y la misericordia de Dios, así como la importancia del arrepentimiento.
1. Contenido principal de la parábola
Contexto: Un hombre plantó una higuera en su viña y esperó durante tres años fruto, pero no encontró ninguno.
Orden del dueño: El dueño manda cortar el árbol porque solo ocupa la tierra.
Súplica del viñador: El viñador ruega: ‘Déjala un año más’, prometiendo cavar alrededor y abonarla, dándole una oportunidad más. Si al año siguiente no da fruto, entonces será cortada.
2. Significado simbólico de la parábola
El dueño de la viña representa a Dios Padre.
El viñador (administrador) representa a Jesucristo, quien intercede por los pecadores.
La higuera representa al pueblo de Israel en ese tiempo, o a los creyentes de hoy que no dan fruto.
El fruto representa el verdadero arrepentimiento y el cambio de vida que Dios desea.
Esta parábola nos recuerda que si el juicio no llega de inmediato es gracias a la paciencia de Dios, y que durante el tiempo de oportunidad que se nos da, debemos producir frutos de arrepentimiento.” (Internet)
(i) Al leer que el dueño plantó una higuera en la viña y esperó tres años por fruto sin hallarlo (vv.6–7), me surgió la pregunta: ¿por qué tres años? ¿Realmente tarda tanto una higuera en dar fruto? Esta es la respuesta de la IA:
“Esta pregunta adquiere un significado más profundo cuando se entiende tanto la biología de la higuera como el trasfondo legal de la época. El número ‘tres años’ contiene tanto un hecho biológico como un simbolismo espiritual.
1. Razón biológica: el tiempo de fructificación
Por lo general, después de plantar una higuera, se necesitan unos tres años para obtener una cosecha adecuada.
Primeros 1–2 años: el árbol echa raíces y crece.
Tercer año: comienza a producir sus primeros frutos, cuando el dueño puede esperar una cosecha.
El hecho de que el dueño haya esperado tres años enfatiza que ya había llegado el tiempo en que el árbol debía dar fruto, pero aun así no produjo nada. Es decir, el dueño no fue impaciente, sino que esperó lo suficiente.
2. Trasfondo legal: Levítico 19:23–25
En la ley del Antiguo Testamento hay regulaciones sobre los árboles frutales:
Durante los primeros tres años, el fruto se consideraba “incircunciso” y no se podía comer.
En el cuarto año, el fruto era santo y se ofrecía a Dios.
A partir del quinto año, las personas podían comerlo.
La expresión de que el dueño vino durante tres años a buscar fruto resalta que, aun habiendo pasado el tiempo necesario, el árbol no cumplía su propósito.
3. Significado espiritual: la perfecta paciencia de Dios
En la Biblia, el número ‘3’ a menudo simboliza plenitud o perfección divina.
El hecho de que el dueño haya esperado tres años simboliza que Dios ha dado una oportunidad suficiente y completa para el arrepentimiento.
Va más allá de un período literal de 36 meses; muestra la profundidad de la misericordia de Dios, que espera sin darse por vencido.
En conclusión, esta parábola se centra en la tristeza de permanecer sin fruto aun después de haber pasado suficiente tiempo, y al mismo tiempo en la ‘gracia adicional’ de recibir un año más.” (Internet)
• ¿Por qué el viñador le dijo a su señor: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré abono; y si da fruto, bien; y si no, la cortarás” (vv. 8–9)? En definitiva, el viñador está pidiendo un total de cuatro años. ¿Cuál es la razón?
“Que el viñador haya pedido a su señor un año más de gracia (en total, cuatro años) no significa simplemente alargar el tiempo, sino que representa una ‘última entrega e intercesión para salvar la vida’. Podemos entender las razones desde varios aspectos:
1. Para juzgar solo después de haber hecho todo lo posible
Antes de culpar la incapacidad del árbol, el viñador propone dar su máximo esfuerzo una vez más.
“Cavaré alrededor y le echaré abono”: esto implica el esfuerzo de remover la tierra endurecida y proveer nutrientes. Simboliza el celo de Jesucristo, quien no nos abandona en nuestro pecado, sino que nos ayuda a comprender la Palabra (cavar) y nos concede gracia (abonar).
La frase “si aun así no funciona, entonces córtala” significa dar al árbol una oportunidad perfecta, sin excusas.
2. Porque conoce el corazón del dueño
El viñador sabe que el dueño no quiere cortar el árbol por odio, sino que desea ardientemente fruto.
El propósito del dueño no es destruir el árbol, sino obtener fruto. El viñador muestra el corazón de un intercesor que quiere darle alegría al dueño (fruto) y vida al árbol, ganando un año más.
3. El significado del número ‘cuatro’ (trasfondo levítico)
Desde la perspectiva de Levítico 19:23–25, el cuarto año es muy significativo.
Según la ley, el fruto del cuarto año es santo y se ofrece al Señor como alabanza. Es decir, el “este año” (el cuarto año) que pide el viñador es el momento decisivo en que el árbol podría finalmente dar fruto precioso para la gloria de Dios. El viñador está pidiendo una última oportunidad para que el árbol cumpla su propósito.
4. Un llamado urgente al arrepentimiento
La expresión “déjala este año” contiene la urgencia de que “el próximo año no está garantizado”.
Cuatro años representan tanto una oportunidad suficiente como una advertencia final. Esto confirma de manera parabólica el mensaje de Jesús en Lucas 13:1–5: “Si no se arrepienten ahora, perecerán”.
En definitiva, esta petición del viñador muestra de manera muy clara la obra intercesora de Jesús, quien carga con nuestros pecados y ruega ante Dios: ‘Por favor, concédeles una oportunidad más’.” (Internet)
(c) Finalmente, en tercer lugar, al comprender el corazón del Señor que desea con anhelo que demos fruto, ¿cuál es el mayor esfuerzo que podemos hacer?
“El mayor esfuerzo que podemos hacer, al comprender la espera paciente del Señor y la intercesión del viñador (Jesús), no es intentar producir fruto con nuestras propias fuerzas, sino ‘aprovechar la oportunidad de arrepentimiento y permanecer en la gracia’. En concreto, podemos practicar lo siguiente:
1. Ofrecer la ‘tierra endurecida del corazón’
En la parábola, el viñador dice: “cavaré y abonaré”. Si la tierra está dura, el abono no puede penetrar.
Práctica: Presentar honestamente ante Dios un corazón endurecido por la terquedad, el orgullo o una vida ocupada. Orar: “Señor, mi corazón está endurecido; cultívalo con la pala de tu Palabra”, y mantener un corazón sensible y receptivo.
2. No perder la oportunidad llamada ‘hoy’
Como advierte Lucas 13:1–5, el tiempo de gracia no es eterno.
Práctica: No postergar diciendo “me arrepentiré después” o “más adelante creeré bien”. Obedecer de inmediato lo que hoy sentimos en el corazón, corrigiendo hábitos o relaciones ahora mismo.
3. Echar raíces profundas en el Señor (unión)
Así como la higuera no puede dar fruto por sí sola, nosotros tampoco podemos sin el Señor.
Práctica: Permanecer unidos al Señor, como enseña Juan 15. Alimentarse diariamente mediante la oración y la Palabra. El fruto no lo producimos nosotros, sino que surge naturalmente cuando la gracia de Dios fluye en nuestra vida.
4. Dar frutos dignos de arrepentimiento en la vida diaria
Más que enfocarse en lo religioso externo, se trata de cambiar en la vida cotidiana.
Práctica: Decir una palabra amable en casa, actuar con honestidad en el trabajo, cuidar a los necesitados—pequeños actos de amor son la verdadera evidencia de arrepentimiento que Dios busca.
En definitiva, el mayor esfuerzo no es forzarnos a producir fruto, sino entregarnos completamente a las manos del Señor que cava y abona para darnos vida.” (Internet)
(i) Entonces, ¿cómo podemos entregarnos completamente a las manos del Señor que cava y abona para darnos vida?
“Entregarse completamente al Señor significa dejar el control de nuestra vida y aceptar con gozo su intervención. Esto requiere las siguientes actitudes y prácticas:
1. Soportar con confianza los procesos dolorosos (el proceso de cavar)
Cuando el viñador cava, desde la perspectiva del árbol puede ser doloroso, ya que se exponen las raíces.
Práctica: A veces Dios toca nuestro orgullo o sacude aquello en lo que confiamos. En lugar de resistir, reconocer: “Señor, has permitido esto porque necesito cambiar”, y atravesar la situación con fe.
2. No rechazar el suministro de la gracia (el proceso de abonar)
El abono es un nutriente externo que el árbol no puede producir por sí mismo.
Práctica: No confiar en nuestra propia fuerza de voluntad, sino recibir continuamente la gracia mediante la Palabra, la oración y la adoración. Confesar: “No puedo por mí mismo; necesito tu ayuda”.
3. Rendir nuestra terquedad ante la Palabra
El propósito de cavar es que el aire y el agua lleguen bien a las raíces.
Práctica: Cuando nuestros pensamientos chocan con la Palabra de Dios, elegir voluntariamente lo que Dios dice. Aunque nuestros sentimientos digan otra cosa, obedecer, por ejemplo, amar cuando Él lo manda.
4. Confiar al Señor el tiempo de espera
El fruto no aparece inmediatamente después de abonar; requiere tiempo.
Práctica: No desesperarse si no se ven cambios inmediatos. Confiar en que el Señor, que nos conoce mejor que nadie, dará fruto en el momento adecuado, y seguir caminando fielmente con Él cada día.
En resumen, entregarse completamente significa decir:
“Señor, cultiva la tierra de mi vida como tú quieras. Recibiré la gracia que me das y daré el fruto que tú deseas”, cediendo así la soberanía de nuestra vida.” (Internet)
• ¿Cómo debo corresponder a la gracia del Señor que me deja tal como estoy también este año?
“Reconocer el valor de la espera contenida en la súplica ‘déjalo también este año’ es el comienzo de la respuesta. El camino para corresponder a la gracia del Señor no es lograr grandes hazañas, sino concentrarse en ‘esa única cosa que Dios busca’.
1. Responder con ‘fruto’
El único propósito del dueño al dejar el árbol es el ‘fruto’. La mejor manera de corresponder a la gracia del Señor es mostrar el cambio de vida que Él espera.
Práctica: En lugar de metas grandiosas, esfuérzate por dar pequeños frutos en tu vida diaria—bondad, honestidad, paciencia, gratitud. Ese es el camino para dar valor al esfuerzo del viñador que cavó y abonó por ti.
2. Cambiar la prioridad del ‘tiempo’
Ese año adicional es tiempo dado “como un regalo extra”. Corresponder significa trasladar poco a poco el tiempo que usabas a tu manera hacia tiempo para buscar la voluntad del Señor.
Práctica: Dedica aunque sea un breve momento del día a meditar en la Palabra o a pensar en lo que agradaría al Señor.
3. Confiar en la ‘expectativa’ que el Señor tiene de ti
El Señor no te ha cortado porque cree que aún hay posibilidad de fruto en ti. Incluso cuando tú mismo quieres rendirte, es importante levantarte nuevamente en respuesta a la confianza que Él tiene en ti.
Práctica: En lugar de decir “no puedo”, adopta una actitud de fe: “El Señor me está esperando, volveré a empezar”.
4. Convertirse en ‘abono de paciencia’ para otros
Si has comprendido que vives gracias a la paciencia de Dios, ahora tú también debes ser paciente con los demás.
Práctica: Si hay alguien a tu alrededor que parece una “higuera sin fruto”, en lugar de condenarlo, ora por esa persona y espérala un poco más. Dejar fluir la gracia que has recibido es la respuesta más madura.
El Señor no espera grandes logros de ti, sino ese primer fruto del corazón que dice: “Señor, volveré a empezar.” (Internet)
En este día que se me ha dado “como un regalo extra”, ¿cuál es el primer fruto de mi corazón que debo ofrecer al Señor? ¿Qué debo hacer y cómo?
“El solo hecho de tener ese corazón ante el día de hoy, recibido ‘como un regalo’, ya es el ‘primer fruto del arrepentimiento’ que más agrada al Señor. Aquí tienes algunas sugerencias concretas sobre ese primer fruto y cómo practicarlo:
1. El primer fruto que debes ofrecer hoy: ‘gratitud y reconocimiento inmediatos’
La mayor verdad que la higuera debía comprender en la parábola era esta: ‘El hecho de que estoy aquí ocupando la tierra no es un derecho, sino gracias a la súplica de alguien’.
Definición del fruto: Un corazón humilde y agradecido que reconoce que la vida que hoy disfruto—familia, trabajo, salud—no es algo que merezco.
2. Cómo dar este fruto: ‘recibir el abono de la gracia’
El fruto no surge por esfuerzo forzado. El ‘abono’ debe llegar a las raíces.
Qué hacer: Toma un momento para ceder al Señor el control de tus pensamientos.
Cómo hacerlo:
Detente (Stop): Cuando sientas que las cosas no van como quieres, detente por 3 segundos.
Conecta (Connect): Ora brevemente: “Señor, recuerdo que este momento es un tiempo extra que Tú me has dado. Ayúdame a ver esta situación con Tus ojos.”
Elige (Choose): En lugar de quejarte o preocuparte, di en voz alta: “Aun así, gracias por esta oportunidad.” Este es el fruto de los labios que el Señor busca.
3. Practicarlo en la vida diaria: ‘el fruto de la pequeña bondad’
El fruto que ofrecemos al Señor comienza en el corazón invisible y se completa en la actitud visible hacia los demás.
Práctica: Trata a la persona más cercana que encuentres hoy (familia, compañero de trabajo) con un poco más de amabilidad o paciencia—tal como el Señor ha sido paciente contigo. Esa es la respuesta más hermosa al abono que Él te ha dado.
Al terminar el día de hoy, intenta decirle al Señor: “Señor, gracias porque hoy me permitiste permanecer en Tu viña y no ser cortado.”
Un día vivido con esa confesión es la primera cosecha de la higuera que el Señor ha estado esperando.” (Internet)