“¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos
dará cosas mejores a los que le piden?”
“Y yo os digo: pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de entre vosotros, si su hijo le pide un pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:9–13).
(1) Al meditar hoy en el pasaje de Lucas 11:9–13, hice una observación interesante junto con el trasfondo de estas palabras. Esa observación es la repetición de las expresiones: “dijo Jesús” (v. 2), “les dijo también” (v. 5), y “yo os digo además” (v. 9).
(a) En el versículo 2, lo que Jesús dijo fue la oración que Él enseñó (el Padre Nuestro) (vv. 2–4); en el versículo 5, lo que dijo también fue la parábola del amigo persistente (vv. 5–8); y en el versículo 9, lo que Jesús dijo nuevamente es la conocida enseñanza: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá… ” (vv. 9–10).
(i) Como ya hemos meditado, el Padre Nuestro (vv. 2–4) habla del contenido de la oración, y la parábola del amigo persistente (vv. 5–8) habla de la actitud en la oración. Entonces, ¿qué nos dice Lucas 11:9–10? Nos habla de la actitud en la oración y de la certeza de la respuesta, es decir, de la promesa de Jesús.
Aquí, la actitud de la oración—“pedid”, “buscad”, “llamad”—está en forma imperativa presente en griego, lo que indica que Jesús nos enseña a seguir pidiendo, seguir buscando y seguir llamando continuamente. Esto no se refiere a una sola acción, sino que implica repetición y perseverancia.
Progresión intensificada (etapas de la oración): Pedid: la etapa de reconocer la necesidad y suplicar a Dios. Los gentiles buscan “qué comer, qué beber y qué vestir”, pero vuestro Padre celestial sabe que necesitáis todas estas cosas (Mateo 6:31–32). Por eso Jesús dice: “Buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (v. 33).
Buscad: la etapa de poner la oración en acción y descubrir la voluntad de Dios. Así como la fe sin obras está muerta (Santiago 2:17, 26), también se puede decir que la oración sin acción está muerta.
Esto me recordó 1 Juan 2:17: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”
Al meditar en “la voluntad de Dios”, vino a mi corazón Colosenses 3:1: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.”
Llamad: la etapa ferviente de aferrarse con perseverancia hasta que la puerta de la respuesta se abra.
El significado espiritual de “llamar”
Los intérpretes bíblicos explican “llamar” de la siguiente manera:
Expresión de fervor: va más allá de pedir con palabras o buscar con la vista; es una actitud intensa que actúa hasta que la puerta se abra.
Etapa final: después de pedir y buscar, al llegar a la puerta (la meta), es el paso final de actuar con confianza para que se abra.
Certeza de apertura: el acto de llamar presupone la fe de que “alguien está dentro, y si llamo, abrirá”.
En conclusión, “llamad” enseña que la oración no debe quedarse en pensamientos o deseos, sino convertirse en una acción perseverante que no se rinde hasta alcanzar la respuesta de Dios.
Aquí, la certeza de la respuesta o la promesa de Jesús está en tres declaraciones que comienzan con “entonces”:
“Entonces se os dará,”
“Entonces hallaréis,”
“Entonces se os abrirá” (Lucas 11:9).
La promesa de “pedid”
Juan 14:13–14: “Todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré… Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré.”
Juan 15:7: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis, y se os hará.”
Juan 16:24: “Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.”
Santiago 1:5: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”
La promesa de “buscad”
2 Crónicas 7:14: “Si mi pueblo, que es llamado por mi nombre, se humilla, ora y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.”
Amós 5:4: “Buscadme y viviréis.”
Jeremías 29:13: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.”
La promesa de “llamad”
“Se os abrirá”: la promesa más directa es que la puerta se abrirá.
Significado en griego: Está en voz pasiva futura, lo que indica que no somos nosotros quienes forzamos la puerta, sino que Dios mismo la abrirá.
Certeza de la respuesta: Garantiza que el acto de llamar no es en vano, sino que logrará su propósito (entrar o encontrarse con quien está dentro).
La promesa de dar “lo mejor” (Mateo 7:11)
En la conclusión de “llamad”, Dios promete no solo abrir la puerta, sino también dar lo mejor a quienes piden.
La promesa del Espíritu Santo: En Lucas, este “mejor don” se identifica como el Espíritu Santo (Lucas 11:13). Es la promesa de la presencia misma de Dios, mayor y más esencial que cualquier recompensa esperada.
En Lucas 11:10, lo importante no es tanto la perseverancia del que ora, sino la confianza absoluta de que Dios responderá y la certeza de recibir lo pedido.
La base de esa certeza no está en nuestra oración, sino en Aquel a quien oramos: el Padre celestial:
“Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (v. 13).
Mateo 7:11 dice: “Si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas cosas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Mateo 7:11: Este versículo es la conclusión de la enseñanza de Jesús sobre la oración, afirmando la paternidad y la bondad de Dios. Sus puntos principales son:
1. La lógica de “cuánto más”
Utiliza un argumento de menor a mayor (a fortiori).
Contraste: padres terrenales imperfectos vs. el Padre celestial perfecto.
Idea central: si incluso los padres pecadores dan cosas buenas, ¡cuánto más Dios, que es amor perfecto, responderá a sus hijos!
2. “Siendo malos”
No significa criminalidad extrema, sino la condición pecaminosa y limitada del ser humano ante la santidad de Dios.
Aunque el amor humano es imperfecto, aun así funciona en el amor hacia los hijos, lo que resalta el amor incomparable de Dios.
3. “Buenas cosas” (ἀγαθά)
Paralelo al “Espíritu Santo” en Lucas 11:13.
Respuesta sabia: Dios no da simplemente lo que pedimos, sino lo que verdaderamente es bueno. A veces rechaza o reemplaza lo dañino por algo mejor.
Bendición integral: incluye desde el pan diario hasta las bendiciones espirituales.
4. Punto teológico: la base de la oración
La respuesta a la oración no depende de nuestra intensidad, sino del carácter bueno de Dios.
La oración no es persuadir a un Dios tacaño, sino abrir con fe el tesoro de un Padre generoso.
Conclusión
Mateo 7:11 nos exhorta a acercarnos con confianza a Dios, creyendo que Él es un Padre digno de confianza que ha preparado lo mejor para nosotros.